Hola estimados amigos.
La inmigración se ha convertido en un fenómeno global, desde los alemanes que abren posadas en Caripe del Guacharo, hasta los mojados mexicanos, pasando por los braseros colombianos, los africanos, cubanos, venezolanos, franceses… una gran parte de nosotros queremos irnos de nuestro sitio de origen, independientemente del destino o la razón.
El caso venezolano es particular, no somos un pueblo de emigrantes (hasta ahora); antes bien, esta tierra de gracia ha recibido a todos y a todos nos ha dado al menos suficiente.
Entre las olas migratorias venezolanas se pueden mencionar a los centro europeos que huían del horror de la segunda gran guerra, los españoles que escapaban de Franco y su personal visión de las cosas, los portugueses e italianos que se buscaron un mejor porvenir a mitad del siglo pasado; los colombianos (entre quienes está mi mamá) ecuatorianos, peruanos y otros que salieron en la búsqueda del sueño del oro negro; los sureños que quisieron olvidar los furores de sus dictaduras militares, y podemos contar hasta el infinito a aquellos venezolanos de corazón, de intención o de ocasión que nacieron en otros países y construyeron sueños, familias y sociedades en esta tierra de gracias.
Ahora la situación es distinta, somos un país que expulsa gente, por lo general, y a diferencia de otros países latinoamericanos, expulsamos a los mejores, no en términos de dinero o belleza (a esos también), sino a aquellos que son capaces y están dispuestos a ofrecer una respuesta a los retos que nos depara el futuro.
La gran pregunta es ¿Por qué? ¿Por qué dejamos que nuestros jóvenes profesionales se vayan? ¿Por qué los jóvenes nos vamos?.
Pueden existir miles de razones para quedarse (Chávez, la revolución, morrocoy, la harina pan, el “joropo” de Carlos Baute) así como para no hacerlo (Chávez, la revolución, la incapacidad de la administración pública, la corrupción que corroe nuestras sociedades). En fin solo nosotros somos jueces y dueños de nuestras opiniones y decisiones.
El 18 de mayo salgo del país rumbo al Reino Unido de Gran Bretaña, con el objeto de reencontrarme con mi esposa (luego de tres semanas de dura y oscura separación) e iniciar una nueva vida por allá.
Esto de “iniciar una nueva vida” suena demasiado cursi, hasta para mi, pero es así, al fin y al cabo estoy acostumbrado al caos de Caracas, a reconocer las oportunidades y peligros que me brinda esta ciudad, a caerle a golpes a la señora embarazada para sentarme en el metro, a usar el transporte público porque no quiero comprar carro para seguir contaminando el aire que todos respiramos…
Sin embargo, el hecho de moverme, no de ciudad, ni siquiera de país, sino de continente, me hizo elaborar mi matriz de costo – beneficio, que les presento a continuación:
| Pierdo | Gano |
| A Chávez y el proceso | Perder a Chávez y el proceso |
| El Avila | La contaminación de una ciudad colapsada |
| A el estado Sucre con su gente, playas y el bagre amarillo que hace | La posibilidad de pasear por |
| El Metro de Caracas | Viajar en uno de los mejores sistemas de transporte urbanos del mundo, subsidiado por el gobierno bolivariano de Venezuela |
| A gente como los que están leyendo esto | La posibilidad de dormir tranquilo |
| El Aula Magna de la UCV | Ver a los creadores de |
| Despertar y saber lo que tengo | Despertar y saber que tengo que depender de la mujer que amo |
| La nostalgia por el país que pudimos haber sido | La posibilidad de rehacer mi vida en un país extraño (como lo hizo mi mamá antes que yo, y mis abuelos antes que ella) |
| La neblina de smog que cubre Caracas | Neblina de verdad |
| La sonrisa franca de mis paisanos | Aún no se lo que me espera |
Sabes, es difícil saber lo que me espera, pero se que la respuesta es que no importa lo que sea, estaré con Natasha; por lo que estaré bien.
Es difícil saber que no estás huyendo, sino que te encaminas en un sendero que a veces se torna oscuro, en el que sabes que nada es seguro…
Nunca fui de las personas que decidieron o esperaron escapar del país; al contrario, siempre crei que la lucha por construir el país que queremos está aquí; pero bueno, la vida me colocó en una encrucijada en la que tuve que decidir entre mi país y yo… y la respuesta obviamente fui yo.
Me preocupa el futuro de Venezuela, al ver que los mejores cerebros están en proceso de irse o tienen serias intenciones de hacerlo. Hace dos años los hubiera criticado, pero ahora me uno a este grupo (el de los que se van, no el de los cerebros).